martes, 29 de enero de 2008

Cumbre en el Kilimanjaro

Quiero compartir una gran alegria con ustedes. El domingo 27 de enero a las 6 de la mañana (hora de Tanzania), junto a mi amigo y compañero de montaña Gabriel Carrasco, logramos la cumbre del Monte Kilimanjaro en el continente Africano. Estamos muy contento con este logro.
También quiero agradecer a todos los que me apoyaron y me dieron ánimo en la realización de este sueño.
Les adjunto algunas fotos de lo que ha sido el viaje a Tanzania. Les mando un fuerte abrazo desde el pueblo de Arusha en Tanzania.
Que Dios los Bendiga

Chico Montes


jueves, 10 de enero de 2008

¡A la Conquista del volcán San José!
(29.12.07/ 01.01.08)

Por Beatriz Delgado
Fotografías: Gabrieles

Eran las 8:00 hrs. de un soleado sábado 29 de diciembre de 2007, cuando Eliana Chong, Gabriel Muñoz, Gabriel Carrasco y yo, dejábamos Pirque y enfilábamos en la cuatro por cuatro de este último, cargada de bolsos y mochilas montañeras de múltiples colores, hacia el generoso Cajón del Maipo. Pasado el Puente Colina nos esperaba con su resignada mula, don Moncho, listo para adentrarse junto a nosotros en el verdoso Cajón de la Engorda, entre cabritas, vacas y caballos que con su calmo pastar le hacen honor al nombre de este bucólico lugar. Tras un par de horas de marcha, dejando un depósito en Plantat y habiéndose los Gabrieles calzado sus muy lilas y nuevos Boreal, partimos rumbo a Las Lajas, a 3.600 m. donde instalamos nuestro primer campamento bajo, a ratos, una intensa nevazón.

Volcán a la vista

El grupo Abba en C2

A eso de las 8:30 hrs. del domingo 30, tomamos nuestras cosas y las cordadas “Gabrieles al cuadrado” (GM/GC) y “Thelma y Louis” (ECh/BD) partimos hacia arriba en pos de nuestro Campamento Alto que, luego de ciertos despistes propios del rubro, finalmente instalamos a los pies del acarreo que lleva al C2, a 4.600 metros de altitud sobre el nivel del mar. Al lugar arribamos exhaustos, tras 8 horas de marcha por rocas, nieve, “marcados senderos” (según GM) y grandiosos penitentes que, conformando un blanco laberinto de hielos puntiagudos, por el que un inspirado Gabriel Carrasco habría paso al más puro estilo de Indiana Jones, en lo personal, me hicieron sentir como “Alicia en el País de las Maravillas”, ocultándome, a ratos, completamente, entre sus brazos color verde y azul transparente.

Los piérdete una: penitentes

Iniciamos el último día del 2007, con paso seguro y corazones ansiosos, a las 3:15 hrs. de la madrugada, bajo una noche estrellada y una brillante luna creciente que nos acompañó en silencio hacia la cima del gran San José. Tras tres horas y media de marcha, poco antes del inicio de la travesía para el cruce del glaciar, el grupo se separa. Los truruluru del nunca bien ponderado mal de altura, hacen su aparición en escena y “Thelma y Louis” tienen que abortar la causa y, tras un comprensible momento de quebranto para “Louis” (o sea, yo) comienzan el descenso de regreso al campamento, mientras los Gabrieles continúan la lucha en post del objetivo. Las cuatro almas, ahora con distintos propósitos, quedan unidas por aquéllos pequeños aparatos de radio que, en estas ocasiones, se vuelven, explicablemente, tan grandes y meritorios.

A las 9:30 hrs., las chicas estábamos “sanas y salvas” de vuelta en nuestra Hanna color turquesa, listas para comenzar la recuperación necesaria (quien sabe si, de haberse dado la oportunidad, nos hubiésemos arrojado, a falta de auto, sólo de la mano en el cráter del gran volcán, je!), mientras que, a esa misma hora, los chicos, tras superar un tortuoso cruce por un glaciar con nieve honda y fondo de hielo (peligrosa combinación), enfrentaban ya la curvatura del cráter del cono volcánico. No sin experimentar momentos de duda existencial ante la rauda fuga del tiempo y la siempre presente incertidumbre de un cambio climático, posibilidad cierta en este cerro, los Gabrieles continuaron su lucha montañera a la que se sumó un persistente viento en dirección este oeste que, con ráfagas de hasta unos 70 km. por hora, amenazaba con coartar su causa, arrastrándolos, en cambio, hacia las laderas del gran macizo……pero, el frío, el cansancio y la altura no pudieron con ellos y, cuando el reloj de Chile continental marcaba las 12:00 hrs. del 31 de diciembre de 2007, los Gabrieles coronaban, triunfante, los 5.856 m. de la cima del Volcán San José!

Gabriel "Felix" Muñoz en la cumbre del San José

Brisas salvajes azotan al "Pepe"


El último crepúsculo del año observaba en los más altos faldeos del maravilloso volcán a cuatro individuos compartiendo en solitario y cándidamente, pese a los vaivenes de la aventura, los relatos de las impresiones y experiencias de cada cual en esa jornada inolvidable de sus vidas…una jornada que brindó al grupo los valores más superiores de este particular “deporte” como es el montañismo: la tenacidad, la solidaridad y el espíritu de equipo. Poco después, cada cual a sus carpas, a descansar cuerpo, sentimiento y mente.

A las 23:55 hrs. sonó el despertador y un llamado por radio permitió los parabienes mutuos entre las dos cordadas de una carpa a otra a las 12 horas de la noche del 31 de diciembre…pero, tan memorable acontecimiento, como es la despedida de un año y el comienzo de un nuevo ciclo, me hizo vencer el frío imperante y desplazarme por los 10 metros que separaban una carpa de otra, para dar mi primer “Abrazo de Año Nuevo”. Bajo las lindes de un cercanísimo “Orión” que enfrentaba en el cielo a la característica “Cruz del Sur” e insertos realmente en la “majestuosa blanca montaña” que dio a Chile por “valuarle el Señor”, a 4.600 metros de altura, y muy a pesar de una, comprensiblemente, somnolienta Eliana, con Gabriel Carrasco entonamos la Canción Nacional para todo el orbe planetario, a la que, sorpresivamente, linternas dispersas en campamentos menores, saludaron con sucesivas apagadas y prendidas de luz que, con su destello, auguraban un futuro mejor. Definitivamente, un Año Nuevo inolvidable…

El 1 de enero de 2008 fue calmo y risueño. Durante el largo descenso desde el Campamento Alto hasta la entrada de La Engorda, cada cual se manifestó libremente y, así, mientras Eliana abrazaba efusiva estilizados penitentes en pro de un augurio de altas cumbres para este nuevo año, Gabriel Muñoz hacía caso omiso de las trabas de su “fluido” inglés para comunicarle a cuanto gringo se nos cruzara por delante, sobre las bondades y maldades que estaban por enfrentar en tan particular volcán. Un chapuzón en Plantat y, ya de vuelta en la incivilización, un gran y merecido sándwich en el Vienés, con balances y compromisos varios incluidos, ponían término a esta nueva aventura de alta montaña: la Conquista del Volcán San José.



Santiago, 2 de enero de 2008

lunes, 7 de enero de 2008

Cerro La Paloma, ascenso por el glaciar sudeste

Día 1. Viernes 28/12/2007

En Villa Paulina, a las 10 de la mañana del viernes 28 de diciembre, comenzó nuestra marcha por el cajón de Yerba Loca.


Integramos la excursión Pablo Silva, Bruno Saldías y Alberto Ugalde, nuestro objetivo era subir el cerro La Paloma, por la ruta del glaciar sudeste, de 4910 m. de altitud. Nos acompañó en la aproximación Sat Sansar, maestro de yoga y hombre de buen andar.


Un alto en el camino, con el Falso Altar al fondo



Gracias a un dinámico tranco y a descansos cortos, llegamos a Piedra Carvajal temprano por la tarde. Como andábamos sin carpa, ante la amenaza de lluvia preferimos quedarnos en el refugio de piedra a pasar el resto del día y la (corta) noche. Después de nosotros llegó más gente al lugar, con lo que el lítico aposento se llenó de alegre camaradería. Por la tarde llovió, contraviniendo todos los pronósticos del tiempo revisados, incluido el empingorotado reporte de la minera Andina. Finalmente, una ventosa noche acompañó nuestro desvelo en espera del día siguiente.




En Casa de Piedra Carvajal, preparándose para el día siguiente


La lluvia para y el día termina


Día 2. Sábado 29/12/2007


El despertador anunció el inicio de la jornada a las 2:30. Luego de cumplida la rutina de amanecer de día de ataque, la marcha se inició puntualmente a las 4 de la mañana. Con cielo despejado y una buena luna menguante, la caminata nocturna no presentó problemas. Alcanzado el fondo del cajón, el ascenso por la cuesta hacia el pie del glaciar lo hicimos mientras el día se iluminaba. La buena huella permitía avanzar sin inconvenientes, lo que aprovechamos para progresar a gran velocidad.


Llegando al hielo a primera hora del día


Claro que no todo fue maravilla, porque por ahí, entre los montículos morrénicos, Bruno se separó del resto, dando lugar a largos minutos de incómoda incertidumbre. El reencuentro fue al pie del glaciar, justo casi en el lugar de ponerse los crampones y meterse al hielo. La masa helada estaba en regulares condiciones. Sus respetables penitentes, con caras de cristal y pies embadurnados con tierra y piedras, a la vez facilitaban y dificultaban el avance.

Luego de un corto tramo por la parte baja del hielo, alcanzamos el plateau en que está el mayor desarrollo del cuerpo helado, en esta parte con sus buenas grietas. La información que habíamos recabado nos indicaba que no sería necesario el uso de cuerda, aunque convenía llevarla por precaución. La verdad es que la cuerda fue muy usada, pasamos unas 6 grietas grandes, todas por puentes de nieve, en todos los casos con aseguramiento dinámico el primero y avance en simultáneo el resto. Salimos de esta parte luego de unas dos horas, al alcanzar el borde superior de la rimaya, donde nos desencordamos. La altitud del lugar era de 4350 m.

Cruzando grietas

A continuación vino un tramo nevado largo con una pendiente muy fuerte, que nos acompañaría hasta la cumbre. La primera parte no tenía penitentes, y la nieve proporcionaba un agarre adecuado. Pero al ir progresando la pendiente se fue pronunciando, y la nieve dando paso a un hielo poco consistente, en ocasiones tan delgado que los crampones se estrellaban en la roca basal. En esa parte hubo tramos, pasadas, por terreno definitivamente malo. En uno de éstos, Bruno, que avanzaba más atrás y cuyo mal ajustado crampón insistía en separarse del zapato, debió ser auxiliado con la cuerda para subir.

La pendiente es sostenida

Hacia el último tercio de este tramo la cosa se compuso un poco, pues reaparecieron los penitentes, que si bien eran un impedimento al avance eran también un buen seguro contra posibles caídas. Reapareció también el hielo cristal, que combinado con los pináculos blancos nos obligó a avanzar de modo zigzagueante y con bastantes retrocesos, al encontrarse uno de pronto frente a una pared vertical imposible de pasar. Hacia la izquierda de la ruta los penitentes se confundían con los seracs que abundaban en esa parte del glaciar, y donde el hielo se ponía más como cristal.

Saliendo al filo cumbrero. Al fondo, el Altar

Sin poder ver bien adónde terminaba nuestro cerro, el vecino Altar nos indicaba que poco debía quedarnos. Ya en la parte final, la ilusión de ver acercarse la cumbre y de creer que la pendiente va disminuyendo no se veían compensadas por las continuas paradas a que el cansancio nos obligaba. El viejo truco de contar 20 pasos y parar no se podía aplicar, por los caprichos del terreno. Finalmente, en un denodado esfuerzo, en que la mente se va fijando en una única idea y en que el cuerpo se tensa y salta más allá de sus límites naturales, asoma la nieve más brillante indicando que arriba no hay nada más. A las 16:30 salimos de la pared de hielo por su parte superior, después de recorrer el glaciar en toda su extensión.

Alberto y Bruno

Luego de unos cortos pasos pisamos la cumbre principal. No encontramos caja de cumbre, por lo que no tuvimos donde dejar nuestro testimonio. Sólo una foto con tinte de victoria.

En la Cumbre

El regreso al refugio no fue fácil. Haciendo caso de las recomendaciones recibidas, nuestra ruta de bajada sería la normal. Eso suponía una dificultad adicional, pues era terreno nuevo para nosotros. Además, Bruno se agotó en la subida, por lo que su ritmo de bajada estaba muy malo. La situación no era para nada cómoda.

Hacia las 19 horas todavía estábamos sobre los 4500 m. mientras el tiempo se estaba poniendo amenazante, con nubes que empezaban a subir por el desconocido valle, mientas una fina nevada se dejaba caer. Hacia las 21:30 estábamos por fin a 3800, en el límite inferior de la nieve, cuando la oscuridad de la noche se adueñaba del lugar.


Fuera de peligro, Bruno bajaría ahora solo, a su ritmo, unido a nosotros a través del mágico hilo de la radio, mientras Pablo y yo aceleramos el paso para finalmente llegar a Carvajal a las 1:15 del domingo, punto final de una agotadora jornada. Bruno, cansado y ya sin la presión de bajar que le impusimos, nos avisa que decide pasar el resto de la noche metido en su mochila y al abrigo de su parka de plumas. Las frías ráfagas que abundaron esa noche no fueron problema para él, pues “no las pescó”.

Al despuntar las primeras luces del día, el rezagado retomó la marcha, y al refugio temprano llegó, marcando con ello el final feliz de la dura jornada de cumbre.


Día 3. Domingo 30/12/2007

De vez en cuando, los andinistas tenemos la suerte de gozar de un día de relajo en montaña, máxime si tenemos el premio de la cumbre. Amanecer tranquilo, desayuno sin apuro y con licencia para abusar, hay tiempo para conversar al calor del sol, observando el agitado afán de las avecillas que pueblan el lugar, algo de aseo y de vuelta a descansar. La conversación gira en torno al día anterior, cada cual cuenta su versión, y la risa y la excitación se turnan para aportar la emoción.


Con pena, las mochilas se van llenando lentamente del preciado equipo, hasta por fin cerrar, marcando el momento en que el sueño llega al final.

Relato: Alberto Ugalde
Fotos: Pablo Silva

Marmolejo

BITACORA DE VIAJE AL CERRO MARMOLEJO
(6.108 msnm, el seis mil más austral del mundo)
Escrito por: Carlos Navia – desde País Vasco, España

Sábado 1 de Diciembre 2007

Iniciamos nuestra expedición a las 6:30 horas en Casa de Coti (César) y Carla, punto de reunión, a 700 mtrs de altitud en el barro alto de Santiago. Poco a poco fuimos llegando, primero Arrate y yo que ya habíamos hecho el viaje especialmente desde el País Vasco, después Osvaldo que había venido para la ocasión desde Argentina y luego Sebastián, directamente del barrio santiaguino de Las Condes. Habían pasado las 6:40 hrs y Cristian no llegaba, ya estaba Jaime el conductor y su furgoneta preparada para llevarnos con nuestros equipos hasta Puente Colina en el valle del Maipo, punto de arranque de la expedición. No tardamos en enterarnos que desde hace varios días Cristian sufría de gastroenteritis y que estaba aguantando hasta el último instante para ver si se mejoraba, hasta que el momento llegó y tuvo que tomar la dura decisión de abandonar la expedición. Llamó por teléfono a última hora. Que lástima, era el último de cuatro que por diferentes causas habían tenido que desistir, primero Andoni, luego Lucho, le seguía Beatriz y ahora era Cristian.
Así iniciamos la aventura, nos dejaba un miembro importante de la expedición (nos daríamos cuenta más tarde de ello). De una llamada se había reducido el número de cordadas de tres a dos.

Lo más preocupante en ese momento, eran las puñeteras mochilas, todos estábamos de acuerdo que llevábamos lo mínimo, pero el peso que tenían, no se podía entender. ¡Bloody rucksacks!, serian la maldición de todo el viaje, añadían una seria incógnita a la capacidad individual de alcanzar la cumbre de algunos miembros (entre ellos yo).

Montamos los equipos en la furgoneta dirección El Valle Maipo, alrededor de las 9:00 paramos en la plaza del pueblito San José, y desayunamos donde Don Lalo café con sanguches de arrollado, continuamos hasta llegar al retén de Carabineros de San Gabriel en donde dejamos nuestros datos, especificamos lugar de destino y días estimados, así continuamos con la furgo
hasta llegar a Puente Colina a 2.200 msnm, en donde nos esperaba Moncho con su gorra y espuelas vaqueras, su hija Paloma, qué según los comentarios generales estaba bastante potable, cuatro caballos y un mulo.


Así nos lanzamos a la experiencia llenos de ilusión e inquietud, en una jornada que duró de 6 a 7 horas, entre valles y quebradas, esteros (río pequeño), acarreos, piedras y piedrecillas y algo de nieve, cruzamos el valle de La Engorda bordeando el ala oeste del Volcán San José, finalmente llegamos a una zona plana donde confluyen dos esteros a 3. 200 msnm. Después de darnos cuenta que nuestro querido amigo el arriero había dejado todo el equipamiento adrede (a posta), al lado equivocado de uno de los esteros, no tuvimos otra alternativa que coger todo el equipamiento y atravesarlo a punta de hombro, acordándonos todo el rato de nuestro amigo Moncho y de su querida madrecita. Finalmente Sebastián nos guía a un lugar adecuado para acampar al lado de una gran roca y montamos las dos carpas en lo que sería nuestro Campamento Base.
Son alrededor de las 17:00 hrs, se montan rápidamente dos cordadas, Sebas y Osvaldo en una, Coti, Arrate y yo en la otra. Aunque Sebas tarda sólo segundos en montar la suya, entre Coti, Arrate y yo tardamos en descubrir como se monta la carpa nueva traída por Arrate. Después de unos instantes de discusión sobre la forma correcta de montar los hierros, enfados y otros, finalmente lo logramos, no sin antes haber tenido que escuchar a Osvaldo por lo menos un par de veces, que “ellos” ya la habían montado.

Coti como líder, rápidamente elige lugar para dormir, Arrate como dueña de la carpa tiene derecho a elección, así que a mí no me queda otra que irme al medio, así continuaremos por el resto de la expedición. Cenamos, en nuestra cordada un solo plato y té, en la cordada vecina Sebas cocina de categoría , 1er plato, 2ª plato, postre y té.

Se organiza el día siguiente, aunque desde el comienzo Sebas se ha convertido en un pozo de sabiduría dada su experiencia como guía. Coti se da cuenta de esto y rápidamente lo nombra “asesor a la Dirección”. Con el transcurrir de los días, el cargo de asesor se le quedará pequeño y se convertirá en “El Oráculo”.

Desde donde estamos todavía no se ve la cima del Marmolejo, pero si se ve la ruta del día siguiente, probablemente después de la cumbre es la jornada más difícil. Alta pendiente, acarreos de piedras pequeñas, mochilas y 1000 metros de desnivel a cubrir. Hay que ir a descansar lo máximo posible para la jornada del día siguiente.

Acordamos levantarnos a las 6:30 am y nos vamos a dormir al microcosmos que se vive al interior de la carpa. Desde que hemos llegado al Campo Base he sentido bastante dolor en la rodilla izquierda, me preocupa, pero espero que durante la noche pase. Coti y yo dormimos a ratos, no así Arrate que duerme toda la noche, se ha tomado un par de pastillas para dormir. Afuera hace frío, durante la noche aparece una capa de hielo al interior de la carpa, dada la condensación y el frío. Hemos cometido el error de no dejar agujero de ventilación.

Domingo 2 de Diciembre 2007

Son las 6:30 y el reloj despertador de Coti suena. Nos quedamos remoloneando unos 5–10 minutos dentro del saco calientito y salimos al mundo exterior. Esta es siempre la peor parte para mí, la salida de la carpa a primera hora por la mañana, hacer pisssss, el lavado de manos y dientes con agua casi congelada, hace un frío de cojones, todavía no nos da el sol y estamos a la sombra. Los primeros rayos de sol empiezan asomar en las cumbres de los montes que están a nuestro alrededor. Las vistas son magníficas.

A esta altura de 3.200 msnm todavía nadie del equipo ha sentido síntomas de apunamiento o mal de altura. En las reuniones del día anterior se volvió a mencionar el peso como elemento clave. Decidimos optimizar todas las mochilas y dejar en el campamento base todo lo que tenía categoría de “a lo mejor lo uso” hasta nuestra vuelta. Así lo hicimos, una cantidad enorme de cosas fueron dejadas en sacos plásticos entremedio de piedras. Así es como alrededor de las 9:00 am habíamos desarmado el campo base y estábamos listos para arrancar la segunda jornada llenos de ilusión y con lo mínimo posible a nuestras espaldas.

Coti arranca al frente e impone un ritmo alto desde el principio, lo sigue Arrate de cerca y Sebas con Osvaldo se quedan atrás. Decido irme último “chupando rueda” de Osvaldo, ya que todavía tenía dolor a la rodilla y Osvaldo era el que iba más lento. Más tarde demostraría que el ritmo impuesto fue clave, para él y para mí, para llegar donde llegamos.


Así transcurren las horas, se impone el silencio y se entra en ritmo de caminata y trabajo interior “drum beat”. A veces Coti desaparece en la distancia, nos ha sacado unos 400 metros. De tanto en cuanto paramos para hacer alguna fotografía, beber agua, comer algo o simplemente para observar a nuestro alrededor. Después de 3 horas, llegamos a la parte complicada de pendiente y acarreo de piedras, Arrate ha disminuido el ritmo y se ha unido a nuestro grupo, comienza su sufrimiento interior, empieza sentir los primeros efectos de la altura y el peso sobre su espalda, se le ha congelado el tubo para beber agua, paso a paso avanzamos los tres, liderados y básicamente “tirados” por los conocimientos de Sebas. Se empieza a sentir la altitud, la falta de oxígeno y el cansancio. El número de paradas para descansar se hace cada vez más frecuente.

Después de 8-9 horas de trabajo continuo conseguimos llegar alrededor de las 17:00 hrs. a un plateau a 4.200 msnm donde estableceremos el Campamento 1. El esfuerzo y desgaste han sido importantes. Montamos las dos carpas rodeados de unas pirkas de piedras para “cortar el viento”. Hace mucho frío. Arrate llego exhausta y no quiso comer nada, solo quería tumbarse a dormir. Así Lo hizo. Yo tenía cada vez mas dolor en la rodilla, me dolía mover la pierna y dudaba que pudiese continuar la expedición, me tomo un calmante antiinflamatorio. A Osvaldo también se le ve cansado. La moral del equipo ha bajado. La decisión es unánime y decidimos que el día siguiente sería de descanso.

Cenamos, nos acostamos, queríamos descansar.

Lunes 3 de Diciembre 2007

Amanece un buen día, dormimos hasta más tarde, derretimos nieve y preparamos un buen desayuno, no hay prisas.

Desde la carpa se ve la cumbre del Marmolejo limpia e imponente. Se aprecia cercana, nos engaña una vez más. A nuestro alrededor estamos rodeados de montes de piedra rojiza.
Estamos todos más descansados y el día se ve de otra manera, aunque la altura se nota bastante más a la hora de hacer esfuerzos de trabajo.

Coti convoca al equipo al grito de REUNIÓN, REUNIÓN…. para que hablemos y analicemos la situación.

Por primera vez nos damos cuenta de la dificultad real que presenta el cerro, su aproximación es demasiado larga y requiere de muchas jornadas. Empezamos a analizar las distintas posibilidades que puede haber. Que pasa si alguno se apuna en las próximas dos jornadas, ¿con quién baja?, ¿sigue el resto del equipo subiendo? Empezamos a echar en falta otra figura, la de Cristian por ejemplo. Nos alegramos de tener a Sebas.

Arrate ya se ha recuperado y se siente bien. Milagrosamente mi rodilla ha mejorado en vez de empeorar, aun tengo dolor pero es soportable. Decidimos entre todos seguir adelante y si alguien se apuna, bajara con un acompañante. Se decide que este sea el bendito Sebas.

Cogemos el día libre, Arrate y yo optamos por quedarnos en el campamento recuperando. Sebas, Coti y Osvaldo salen por la mañana a aclimatar, se sienten bien, suben a 4.600 y bajan, tardan unas 4 horas. Aprovechamos para hacer uso y estrenar los walkies talkies. Funcionan de maravilla.

El día es de relax, las vistas maravillosas, la paz total entre los cerros de los Andes. Se puede divisar El Plomo, El Nevado Piuquenes, y decenas de cerros y cumbres nevadas, se ve lo insignificante que es el ser humano.

Preparamos todo lo necesario para subir al campamento 2, nos acercamos a la plantación de penitentes de nieve, los cortamos con el piolet y derretimos unos cuantos para cocinar y para beber, ordenamos los enseres. Hay que beber y beber para hidratarse al máximo, el sol es muy fuerte.

Osvaldo se entretiene, ajusta, limpia y cuida su maravilloso GPS, lo ha encendido desde cuando salimos. Tiene toda la ruta marcada. Los datos de waypoints grabados, nos servirán mas adelante cuando volvamos desde la cumbre. Aplicado como siempre.

Aprovechamos la tarde para ensayar nudos con Sebas y elucubrar la posible caída en una grieta en el glaciar y como tendríamos que actuar para salvar al afectado. La situación adquiere carácter de película.

Nuevamente optamos por dejar elementos en el campamento para nuestra vuelta, Coti decide dejar hasta bolsitas de té porque pesan mucho, así disminuimos el maldito peso.

Por la tarde la cumbre del Marmolejo se llena de nubes, el comentario general es que “es posible que arriba haya tormenta”.

Martes 4 de Diciembre 2007

Suena el reloj de Coti a las 6:30 hrs, una vez mas ha sido difícil conciliar el sueño, nos levantamos para enfrentar la jornada hacía el Campamento 2. Esta jornada es más corta, solo tenemos que subir de 4.200 a 4.900 mtrs.

Una vez preparado todo el equipo y desarmado el campamento, salimos esta vez todos juntos. Arrancamos subiendo por unos acarreos de piedras sueltas, luego piedra más grande. El camino está bien marcado con hitos-monolitos y se ve claramente la ruta. Nuevamente decido ponerme a la cola detrás de Osvaldo, por mi rodilla y por el ritmo que me acomoda.

Todos vamos bien, se nota el cansancio y la altura después de un par de horas, pero vamos bien. Cruzamos una zona de penitentes de nieve. Después de más de 5 horas llegamos a lo que sería el Campamento 2. Son aproximadamente las 14:00 hrs. La vista se torna impresionante alrededor nuestro.
Hace frío y mucho viento que empeora la situación. Sebas como un buen sabueso, busca rápidamente el mejor lugar para montar las carpas. Encontramos dos pirkas de piedra, una al lado de la otra. Hay una que está medio derrumbada, así que entre todos la volvemos a rehacer.
Aquí es donde se nota que estamos casi a 5000 msnm, mover y cargar las piedras se transforma en un arduo esfuerzo que nos deja jadeando cada vez que movemos una piedra. Aún así montamos una buena pirka para cortar el viento, y se arman las dos carpas.

Con el ojo de cóndor avizor que dios le dio, Sebas identifica a 4 personas que vienen subiendo allá a lo lejos por el mismo camino que hicimos, sólo después de un rato intentando puedo yo también verlos. Con posterioridad nos enteraríamos que era una cordada que venía en pos del mismo objetivo nuestro. Nos seguían…

Empieza ahora el rito de alimentarnos, hidratarnos y preparar todo el equipo para el día siguiente que es el “ataque a la cumbre”. Instalamos la cocina entre piedras evitando el viento, derretimos mucha nieve y preparamos comida y té, como siempre en la carpa del lado se cocina de maravilla, 1ª, 2ª, postre y té. Queda claro que nuestras habilidades culinarias son inferiores.

En eso estábamos cuando me dan ganas de ir a echar un “Kawasaki”, insisto que la experiencia no es agradable a casi 5.000 y con fríiiio y un viento de la leche, además teniendo en cuenta que Sebas nos había dado la instrucción de quemar los papeles ateniendo a la razón ecológica de que a esa altura y con ese frío el papel higiénico no se degrada. Hay que ver cuánto se tarda en quemar el puñetero papel…. A mi vuelta de la “experiencia”, cuando voy hacía la carpa veo que alguien se viene acercando a nuestro campamento, era el líder de la cordada de cuatro miembros que nos seguía. Me pongo a hablar con el y descubro que era alemán de Nuremberg. Le comento que tengo un cuñado que también es de Nuremberg y le doy el apellido ilusionado pensando que lo podía conocer, sin pensar que la ciudad tiene medio millón de habitantes, que iluso. Entre todo me cuenta que este es el tercero de 3 seis miles que andan haciendo en Los Andes, en 3 semanas! Otro nivel.

Son aproximadamente las 17:00 hrs y hay que irse a la cama pronto ya que la jornada siguiente comienza a las 3:00 am y hay que descansar lo máximo posible. Dentro del microcosmos de la carpa hablamos, nos contamos nuestras inquietudes y deseos e intentamos dormir. Arrate toma unas pastillas y logra quedarse dormida, Coti y yo pasamos toda la noche dándonos vueltas en el saco.

Miércoles 5 de Diciembre 2007

Suena el reloj de Coti a las 3:00 am, es aún de noche, ha llegado el ansiado día de “ataque a la cumbre”, se nota algo de nerviosismo pero muchas ganas también de arrancar de una vez.
Salimos a las 4:00 am con nuestros frontales de luz en la cabeza y Sebas por delante, liderando el grupo. Al poco de salir llegamos al glaciar, nos detenemos, nos colocamos los crampones y piolet en mano nos adentramos en el mismo, tenemos aproximadamente 2 kilómetros de glaciar. Vamos todos juntos.

Pasadas aproximadamente un par de horas de caminar por el glaciar, asoma el alba y cerca de 5.200 msnm, Arrate nos comunica que se siente mal y que no puede seguir. Desde hace un rato que se le veía sufrir y con falta de aire. Nos dice que siente las palpitaciones del corazón en la cabeza, pum.., pum.., pum…. es el mal de altura, hay que tomar una decisión y alguien tiene que bajar con ella.

Arrate está nerviosa e insiste que la dejemos ahí y continuemos sin ella, nos dice que puede bajar sola. La decisión es unánime, alguien la debe de acompañar, no está bien. Sebas se prepara a bajar con ella a pesar de la oposición de Arrate.

Decidimos mantenernos comunicados con los walkies talkies, uno para Sebas que baja con Arrate y otro para Coti con el grupo que continúa hacia la cumbre. La instrucción es comunicarnos cada 1 hora, así lo hacemos y finalmente nos separamos.

El grupo de tres continuamos hacía la cumbre, Coti a la cabeza, seguido por Osvaldo y yo cerrando fila, así seguimos nuestra ascensión a través del glaciar, por lo menos otra hora. A lo lejos atrás divisamos un cordada de cuatro que se nos acerca rápidamente, eran los alemanes encordados, como una locomotora tardan poco en pasarnos, les saludamos Alles gute!, responden Ja, prima! Se les ve que pertenecen a otro nivel.

Llegamos al fin del glaciar, nos quitamos los crampones y continuamos cerro arriba por un acarreo de piedras sueltas, seguimos subiendo, avanzamos poco a poco, bebemos la mayor cantidad de agua posible para evitar el mal de altura, pero los pasos son lentos, cada vez más lentos. Por cada paso damos dos respiradas y así el siguiente paso.

Estamos cerca de los 5.900, no hay asomo de mal de altura, se ve la cumbre cerca, pero vamos muy lentos. Cada hora hemos mantenido el contacto con Sebas por walkies talkies quien nos han informado que ya han llegado al campamento 2 y que Arrate se ha acostado porque se sentía mal.

Coti decide tomar la iniciativa y se lanza a conseguir la cumbre y empieza a imprimir velocidad y nos deja a Osvaldo y a mí poco a poco atrás. Seguimos y le vemos cada vez más lejos. La ascensión se torna lenta, muy lenta, un paso, parar, respirar dos veces profundamente, otro paso, parar, respirar profundamente dos veces, otro paso y así… tocamos 6.000 con Osvaldo y su GPS a la cabeza y yo detrás. Había quedado demostrado que Osvaldo había venido con una preparación excelente, estaba “tirando” de mi. Miramos hacía arriba y vimos a Coti luchando por llegar. Eran 108 metros de altitud lo que nos separaba de la cumbre, pero a la velocidad que llevábamos por lo menos un par de horas mas. Decidimos dar la vuelta...

Coti nos comentaría que estuvo a punto de alcanzar en la ascensión a la cumbre al último de los alemanes. Finalmente hizo cumbre solo, como un campeón, no pudo encontrar la caja del Banco de Chile para sacarle una foto, se sentó y tuvo un instante en la cumbre en que su mente se perdió en pensamientos que no estaban asociados a nada que ver con la montaña, y cuando volvió en si...los alemanes bajaban y no quiso quedarse solo, hizo una foto y empezó a bajar rápidamente, lo había logrado, los demás lo logramos con él.

En el descenso los alemanes y Coti nos alcanzaron a Osvaldo y a mí poco antes de volver a entrar al glaciar. En una de las comunicaciones con el Campamento 2 Sebas nos informa que Arrate sigue mal y necesita bajar a menor altura, decide desarmar una tienda y bajarla al campamento 1 a 4.200 msnm. Sería la solución.

Seguimos bajando por el glacial, por los penitentes, se ven grietas, perdemos de vista a los alemanes y Osvaldo y Coti comienzan a hacer uso de los GPS para volver. Funcionan perfectamente. Volvemos al campamento 2 a las 17:00 hrs, todo el viaje a la cumbre y su vuelta nos había tomado 13 horas. Veníamos exhaustos, pero contentos, habíamos roto nuestros límites.


Dormimos a 4.900 mtrs y al otro día bajamos a 4.200, nos encontramos con Sebas y Arrate y seguimos bajando todos hasta el Campamento base, muchos recorridos a través de la nieve los bajamos esquiando a pies juntillas con las botas, la jornada fue dura pero íbamos contentos.

Finalmente en el campamento base celebramos con vino tinto, chorizo y queso y pasamos la última noche. Había sido una expedición magnífica y lo que era mejor, la habíamos disfrutado en verdadera magnitud, con sus penas y alegrías.

Y para cerrar nuestra aventura, la última noche nos sorprendió con una hermosa nevada.
En el camino de vuelta a casa nos mosqueamos con Moncho, ya que esta vez nosotros le dejamos las mochilas al otro lado del río y el compadre estaba súper quemado y en el camino de vuelta en la furgoneta a casa, volvimos a parar en San José y nos azotamos a tope con sanguches de arrollado, tomate y cerveza a tutiplein.

No me queda nada mas que agradeceros a todos el esfuerzo y sólo espero que volvamos a repetir otro desafío al límite de lo imposible…